¿Estamos las chilenas y chilenos preparados científicamente para vivir en sociedad? Esta pregunta me surge debido al momento histórico en el que nos encontramos y trataré de resolverla a partir de algunos resultados de evaluaciones y encuestas que se realizan en nuestro país, para determinar qué percepción tenemos de la ciencia así como en qué nivel nos encontramos en cuanto a competencias científicas.

Pero primero, ¿qué es una competencia científica? Esta competencia incluye los conocimientos científicos y cómo un individuo los utiliza para identificar preguntas, adquirir nuevos conocimientos, explicar los fenómenos científicos y sacar conclusiones basadas en evidencias sobre asuntos relacionados con la ciencia (OCDE, 2006). O sea, no solo saber sobre ciencia sino que saber usarla en diferentes contextos.

 La importancia de desarrollar esta competencia se basa en que nos permite ser alfabetizados científicamente, o sea, aplicar todo lo que aprendimos durante nuestro desarrollo. De esta forma, podemos fortalecer nuestro espíritu crítico, contribuir en la resolución de problemas y gozar de este aprendizaje científico que nos amplía la visión del universo (Gil y Vilches, 2006).

En Chile, a partir de los resultados de la prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes), el 35% de los jóvenes no posee las competencias científicas mínimas para desenvolverse en sociedad (OCDE, 2018). Esta cifra, que representa a más de un tercio de los jóvenes del país, se mantiene desde el año 2012.

Sumado a esto, la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y Tecnología (2018) muestra que el 76% de la población se considera poco o nada informado en ciencia y que desde el 2015 ha disminuido la creencia de que la ciencia traerá beneficios a 20 años o que es útil en el cuidado de la salud y el medio ambiente. Sin embargo, por el contrario, señala que si han aumentado el interés de las personas por la ciencia, así como algunos hábitos informativos.

Es así que en periodos de crisis, como en el que estamos debido a la Pandemia, se vuelve fundamental que la ciudadanía cuente con estas competencias científicas mínimas y tenga una percepción positiva de la ciencia, para enfrentarlos de la mejor forma posible. Esto se traduce en poder informarse de fuentes confiables (identificar las “fake news”), ser crítico frente a las decisiones que tomamos (uso de mascarilla, respetar medidas sanitarias) e, incluso, no creer en cualquier medida, procedimiento o solución “milagrosa” que alguien presente (falsas curas o formas de prevenir).

 ¿Estamos preparados científicamente para vivir en sociedad? Al parecer no, pero esto no significa que no podamos estarlo. Claramente la educación científica es un tema que debemos abordar de forma urgente, dada su importancia en el desarrollo de los ciudadanos en el día a día. 

Existen muchas instituciones y personas que trabajan en educación científica, pero esto no es suficiente. Es fundamental que exista un cambio sistémico en la educación del país, que permita entregar todas las condiciones necesarias a los profesores y colegios para realizar educación científica de calidad, permitiendo entregar así conocimientos y habilidades científicas, para desarrollar las competencias necesarias para vivir en sociedad.

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Referencias Bibliográficas:

CONICYT (2018), Encuesta Nacional de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología en Chile. Disponible AQUÍ

Gil, D. y A. Vilches (2006), Educación Ciudadana y Alfabetización Científica: Mitos Y Realidades. Disponible AQUÍ

OCDE (2006), PISA 2006, Marco De La Evaluación, Conocimientos y habilidades en Ciencias, Matemáticas y Lectura. Disponible AQUÍ

OECD (2019), PISA 2018 Results (Volume I): What Students Know and Can Do, PISA, OECD Publishing, Paris. Disponible AQUÍ

Sobre el autor:

Eduardo Guzmán Lazón, Director para Chile- Fundación Ciencia Joven.

Twitter: @edduguzman y @fcienciajoven

Bio: Eduardo es originario de Valparaíso, en donde estudió Agronomía en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). Antes de terminar sus estudios, en el 2011, comenzó a trabajar en Fundación Ciencia Joven, institución que tiene por misión transformar la educación científica. Ahí se ha dedicado a diseñar y dirigir programas educativos científicos para estudiantes y profesores, como campamentos científicos, talleres en colegios y reconocimientos. Paralelo a esto, realizó su Magíster en Recursos Naturales en la Pontificia Universidad Católica de Chile, teniendo como especie de estudio la Palma Chilena. También ha desarrollado actividades y cursos de educación ambiental para estudiantes, así como programas formativos para profesores y monitores ambientales.

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