Los contenidos digitales crecen de forma acelerada y esta producción de datos e información on-line continuará aumentando de manera exponencial. En el año 2018 se estimaba que en un día se producían 2.5 quintillones de bytes y esa cifra continuaría incrementándose.

El desarrollo tecnológico, la participación activa de las personas en ambientes digitales y la conexión de los objetos cotidianos a la web contribuyen al fenómeno que Alvin Toffler presagió en los años 70 y denominó “Sobrecarga informativa”: un escenario que nos obliga a con(vivir) con grandes volúmenes de información, generando incertidumbre, ansiedad o incluso desinformación. Posteriormente, el catalán Alfons Cornella se refiere a este mismo fenómeno acuñando el concepto de “infoxicación”, reflejando cómo este exceso de información se hace cada vez más tóxico para nuestro consumo informativo.

En el año 2012, publicó un libro llamado “la dieta informativa” donde establece una analogía entre el consumo alimenticio y el consumo de información, llegando a la preocupante conclusión de que cada vez nos estamos informando peor en un escenario infoxicado. Las personas han caído en un círculo de consumo informativo basado en la auto-complacencia, es decir, la preferencia de contenidos que “tienen un mejor sabor” en lugar de aquellos “más nutritivos”. Por esta razón, la información que consumimos en internet se asemeja al consumo de sal, grasa o azúcar: sabores que la gente prefiere y consume en mayor cantidad. Esta analogía refleja cómo las personas prefieren consumir afirmación, contenidos rápidos y vacíos, en lugar de información real: “¿Quién quiere escuchar la verdad cuando pueden escuchar que tienen razón?”.

La infoxicación es un fenómeno que influye en todos los sectores: educación, salud, política, economía, cultura… no podemos librarnos fácilmente de este nuevo escenario hostil, donde pareciera que tenemos mayor acceso a la información, pero cada vez nos resulta más complejo seleccionar los contenidos adecuados para consumir.

Cornella decía que somos animales informacionales y, en este escenario, nuestros desechos son los bytes. En nuestra convivencia y comunicación on-line generamos desechos digitales, debido a que el problema creciente de la infoxicación es “cómo encontrar algo relevante entre tamaña cantidad de información (datos). Ni Google nos va a salvar de esta hecatombe de intoxicación. Google representa lo más parecido a una máquina de búsqueda exhaustiva que jamás hayamos creado. Pero la cuestión crítica no es la exhaustividad (encontrar todo lo que hay sobre un tema), sino la relevancia (qué es lo más significativo y útil ante una determinada circunstancia).”

Por lo tanto, hemos de repensar nuestro consumo de información digital bajo esta primera idea: ¿cómo sobrellevamos la exhaustividad y logramos priorizar la relevancia en nuestro consumo informativo para vivir en una sociedad infoxicada?

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Referencias bibliográficas:

Cornella. A. (2010). Infoxicación: buscando un orden en la información. Barcelona: Zero Factory.

Johnson, C. (2012). The Information Diet: A Case for Conscious Consumption. O’Reilly Media, Inc.

Toffler, A. (1970). Future Shock. Penguin Random House LLC.

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