Sin duda los avances tecnológicos y el acceso a diversas plataformas virtuales ha provocado que todos seamos “fuentes de información”. Positivo o negativo, esta suerte de “poder” trae consigo el fenómeno de la desinformación, del cual debemos estar en alerta para no caer en él. 

Enzo Abbagliati, director de la consultora estratégica Factor Crítico y profesor de estrategias de comunicación digital en el Magíster en Comunicación de la Universidad Diego Portales, nos comenta sobre las fake news, rol de las redes sociales y plataformas de mensajería, y las consecuencias de vivir en la desinformación. 

1- ¿Qué es la desinformación y por qué se produce?

Por desinformación debemos entender básicamente fenómenos informativos, ya que finalmente la desinformación es información también, que ya sea de manera deliberada o de manera accidental, fortuita, no pensada genera en la ciudadanía, o más bien en el receptor de la información, una mala comprensión de un fenómeno que pueda estar ocurriendo en ese momento en el mundo. Como digo, la desinformación puede ser intencionada, deliberada, puede haber estrategias para que efectivamente ese receptor reciba señales informativas equivocas que lo lleven a desarrollar un juicio de opinión o un análisis o mirada sobre ese fenómeno en particular erróneo; o puede ser algo fortuito, algo que no haya sido diseñado expresamente y que haya sido producto de una cadena de errores que finalmente haya generado que el receptor de la información se haga un mal juicio respecto del fenómeno en particular que esa cadena de desinformación provoca. 

¿Por qué es importante la desinformación?, porque vivimos en un mundo crecientemente conectado, crecientemente vinculado a flujos de información que no dejan de crecer y en la medida en que en esos flujos la información y la desinformación corren en paralelo tienden a competir y hoy, como dicen varios expertos, la verdad y la mentira compiten de igual a igual. Históricamente en los medios de comunicación, o las maneras en que la información fluía, había ciertos criterios de credibilidad, confianza, ciertos estándares de selección de información que hacían que la mentira tuviera muchas más dificultades que la verdad para poder circular. Hoy, producto del auge de medios de internet, la mentira y la verdad compiten de igual a igual y eso hace que, para hacer honor al sitio de ustedes, estemos a un paso de estar Infoxicados y buena parte de esa infoxicación, no tiene que ver con un exceso de información, sino porque parte importante de esa información a la cual accedemos, y cada vez más de manera prioritaria, es información que desinforma. 

2- ¿Cuál es la importancia de las plataformas digitales en el escenario de la desinformación?

Hoy son centrales (hablamos desde Google hasta Facebook o Youtube). Son, y cada vez lo son más, la primera y principal puerta de entrada o de relacionamiento entre la gente (nosotros) y la información. Ya no es la televisión, ni la radio o la prensa escrita, sino que son estas plataformas y, por lo que el rol que juegan en la difusión de información y desinformación es central y, por lo tanto, tienen que asumir su responsabilidad en tener o contribuir a ecosistemas de información lo más sanos posibles. Cuando me refiero a sanos es donde la mentira tenga dificultades para fluir. 

¿Por qué son importantes estas plataformas? El modelo de negocios de estas plataformas se construye a partir de la Economía de la Atención. Veníamos de un mundo donde había pocos recursos de información y por lo tanto teníamos mucho tiempo disponible para revisar y consultar estos recursos de información. El mundo tradicional de las bibliotecas, donde había un libro por 50 personas. Ahora hemos ido a un mundo totalmente opuesto, donde literalmente estamos a un clic de distancia de millones de resultados que son pertinentes para la búsqueda de información. Pasamos de un mundo pobre en recursos de información y rico en atención a un mundo rico en información y pobre en atención. Tenemos poco tiempo disponible para revisar la infinita cantidad de recursos de información que responden nuestras necesidades y consultas, y ahí es donde se encuentra el pilar de lo que se denomina la Economía de la Atención, sobre el cual se construye el modelo de negocios de estas plataformas, el cual se traduce en estos algoritmos, que utilizan estas plataformas para seleccionar aquella información que nos entregan y cual no. Porque nosotros potencialmente podemos acceder a mucha información cuando nos conectamos a Facebook, pero éste nos muestra solo una cierta porción, hay mucho contenido de amigos o páginas que seguimos que nosotros no vemos, y la herramienta a través de la cual Facebook decide esto es el algoritmo, el cual cada vez que nosotros marcamos un like, comentamos o compartimos un contenido lo interpreta como: “el poco tiempo disponible que tengo para Facebook es para ver este tipo de contenido”. 

Esto finalmente lo que construye son estas famosas burbujas algorítmicas, las cuales nos van encerrando en espacios cada más confortables, por decirlo de esa manera, donde solo vemos contenido que nos gusta, que nos agrada, que coincide con nuestra manera de pensar y de ver el mundo; y esas burbujas algorítmicas que se ven  potenciadas por las cámaras de eco (basadas en quienes somos y nuestras experiencias de vida para construir nuestra visión del mundo), son un caldo de cultivo perfecto para que fluya la desinformación, ya que solo visualizamos contenido que nos agrada, el cual puede ser contenido que solo confirma mis sesgos y por ende bajan mis barreras analíticas y críticas y por ahí fluye la desinformación.

Si entendemos esto, que es el corazón de una plataforma de medios sociales en internet, entendemos por qué juegan un rol central estas plataformas en desarrollar instrumentos, estrategias o acciones que permitan que no fluya con tanta facilidad la desinformación. 

3- ¿Y qué pasa con los sistemas de mensajería y la desinformación?

Si tenemos conciencia que en este ecosistema de medios sociales existe una diversidad de prácticas de publicación, algunas muy centralizadas y controladas y otras muy descentralizadas y con bajos estándares de control como puede ser Facebook y TikTok, uno puede tender a pensar que la información que fluye por esos medios, más abiertos, tiene un mayor porcentaje de desinformación y estamos dejando fuera de la ecuación un tipo de medio por el cual fluye, desatadamente, la desinformación. Estos son los sistemas de mensajería como WhatsApp y Telegram.

En estos sistemas de mensajería, que no son redes sociales, ocurren dos fenómenos que son relevantes para analizar cómo fluye la desinformación en esos espacios:

  1. Son verdaderas cajas negras: diferencia de las plataformas abiertas (Facebook y Twitter, por ejemplo), en donde más allá de que parte del contenido está protegido por una contraseña o similares igual son plataformas abiertas y Twitter es un caso emblemático, ya que la mayoría de los usuarios tienen sus perfiles públicos, por lo que se puede realizar un cierto ejercicio de control. Sin embargo, en WhatsApp podemos tener una conversación de uno a uno, muchos a muchos o uno a muchos, pero todo dentro de una caja muy negra, en donde es muy difícil saber en qué momento y grado fluctúan los niveles de desinformación. Este problema se ha identificado y es por eso que desde hace un tiempo se limitó el número de usuarios al cual se puede reenviar un contenido simultáneamente, dificultando la posible difusión de contenido desinformativo.
  1. Los sistemas de mensajería son de teléfono a teléfono: con esto me refiero a que uno en sus agendas telefónicas tiene a personas en las cuales tiende a confiar, por ejemplo, hijos, familia, amigos. Entonces, cuando recibo un contenido de parte de ellos tiendo a tener una barrera crítica más baja ¿por qué?, porque tiendo a confiar más, entonces precisamente la desinformación aprovecha esa ventana de confianza, que hace que lo que me llegue de mis contactos lo tomo, suponiendo que ellos previamente hicieron un proceso analítico de las piezas de información que me están mandando, y por lo tanto creemos en lo que nos llega y lo reenviamos. 

Hace un par de años, el foco de los esfuerzos de organizaciones que combaten la desinformación se centran en estos sistemas de mensajería, ya que en plataformas abiertas se han visto estrategias para combatir la desinformación. Facebook y Twitter, por ejemplo, marcando y eliminando contenidos que pueden desinformar. En el marco de la pandemia, han tenido políticas muy proactivas para evitar que contenido malicioso pueda tener impacto en la salud de las personas mediante la difusión de métodos que no están probados científicamente para combatir el coronavirus; pero en plataformas como WhatsApp, Messenger y Telegram no se han visto este tipo de acciones, más allá de limitar el número de reenvíos, por lo cual es allí donde está el corazón oculto de la desinformación en entornos digitales.

4- ¿Qué tan confiable son los sitios de verificación de contenidos que se han popularizado últimamente en Chile?

Estas iniciativas ciudadanas, ya que en muchas ocasiones no dependen de una organización, tienen que ganarse su legitimidad. No por el hecho de crear una página y decir que se dedican al Fast Checking todo el contenido que publican tiene naturaleza de verdad inmediatamente. Esa legitimidad se construye en la medida que, paso a paso, vayan enfrentando contenido que desinforma y construyendo comunidades en torno a sus iniciativas. Un ejemplo que destaco es el ejercicio de Mala Espina Check, iniciativa chilena que surgió hace un año aproximadamente detrás de la cual hay un grupo de periodistas, característica que muchas veces comparten este tipo de iniciativas, donde hay un grupo de profesionales que se dedican de forma voluntaria o que están intentando  profesionalizar un cierto modelo de verificación de datos y de información que sirvan para descontaminar y desintoxicar la conversación en redes sociales, pero tienen que ganarse su legitimidad estas herramientas.

5- ¿Qué consecuencias tiene, a nivel macro y micro, vivir en la desinformación?

El impacto de la desinformación es transversal en la pirámide social y uno lo ve en grandes fenómenos históricos que han quedado marcados para siempre por la desinformación como lo fue el referendum del Brexiten Reino Unido o la elección del presidente Trump en Estados Unidos, donde uno sabe, y hay estudios que avalan, que hubo flujos de desinformación brutales, más allá de quien los haya provocado o financiado finalmente los electores en el Reino Unido y Estados Unidos vieron influida su decisión por un flujo de desinformación inédito en la historia de la humanidad, por lo menos en este tipo procesos electorales. 

El impacto del calibre de la desinformación no solo se da a grandes niveles como el de las elecciones, también ocurre a escalas más cotidianas y uno lo ve por ejemplo en el estado de Pandemia en que estamos, donde se ve a gente que está tomando malas decisiones sobre su salud en función de memes que le pueden estar llegando por WhatsApp y esto se puede apreciar, por ejemplo, en Bolsonaro o Trump, que están tomando un cierto medicamento, que la ciencia no avala ni respalda, porque creen que con eso su salud va a estar mejor resguarda frente al virus.

Entonces la desinformación tiene impacto en todos los niveles de la vida humana: desde las grandes decisiones colectivas, como las que comentamos hace un momento, hasta las pequeñas decisiones, que en algunos casos pueden ser de vida o muerte, como lo es el, por ejemplo, usar o no la mascarilla, donde hay gente que dice que usarla te lleva a respirar tu propio aire, lo que produce que te auto contagies. Eso no tiene ninguna solidez científica y aun así hay gente que lo hace y que puede terminar contagiándose por no usar la mascarilla y luego morir.

Si analizamos entre medio decisiones de compra o decisiones como dónde matricular a tu hijo y hacerlo en base a un rumor sobre ciertas prácticas o hechos que supuestamente ocurren en cierto establecimiento, entonces podemos ver que todas las decisiones de la vida cotidiana, dado que nos informamos prioritariamente por este tipo de plataformas, pueden estar afectas y muy contaminadas por la desinformación.

6- En una sociedad infoxicada, ¿Cómo nos podemos resguardad o podemos evitar la desinformación?

Podríamos hablar de un kit de salvataje frente a la desinformación en un contexto de infoxicación y que tiene que ver con tener una actitud de desconfianza. Es duro, pero me refiero a desconfiar de todos los contenidos que llegan desde este tipo de plataformas. Desconfiar en el sentido profiláctico, no de creer que todo el mundo me quiere engañar, pero cuando me llegue un contenido hacerme una serie de preguntas: ¿Coincide el contenido con lo que yo sé de este fenómeno? ¿Quién manda el contenido? ¿Cuál es la fuente? ¿El contenido es actual o corresponde a una noticia que pudo ser real, pero de hace 10 años y que alguien está manipulando para influir en mi juicio de opinión? 

Efectivamente uno puede hacerse un set de 4 a 6 preguntas básicas que, en un proceso relativamente rápido porque lamentablemente no tenemos tiempo, uno pueda analizar el contenido o la pieza de información que le ha llegado. Pero esto, que parece sencillo, es un hábito y hay que construirlo y es allí donde surge la pregunta ¿dónde se construye ese hábito? Yo soy de los convencidos de que, más allá de que los Estados deban tener legislaciones que ayuden a enfrentar la desinformación y castigar y penar a quienes distribuyen maliciosamente contenido que desinforme, más allá de que las plataformas tengan que transparentar cómo funcionan sus algoritmos y dejar de lucrar con la desinformación, todos los ciudadanos tenemos que formarnos y aprender a relacionarnos con la información que fluye en entornos digitales y eso debiese ocurrir en el sistema educativo. Hoy no debería salir en Chile ningún adolescente de cuarto medio sin tener destrezas básicas para relacionarse con información en entornos digitales. 

Tan importante como saber leer, escribir y las 4 o 5 operaciones matemáticas básicas, debiese un estudiante de cuarto medio saber relacionarse con la información que recibe por este tipo de plataformas, porque esa información influye poderosamente en las decisiones que esas personas de 17 o 18 años están tomando y si no sabe discriminar y relacionarse con esa información está condenado a tomar malas decisiones. Entonces, esto que menciono, es un hábito que se desarrolla y una competencia que se trabaja y el sistema educativo tiene que asumirlo como un desafío propio.

Por último, si asumimos que vamos a vivir en un mundo cada vez más conectado y en donde la probabilidad de infoxicación es cada vez más latente, de alguna manera tenemos que desarrollar estrategias sostenibles que permitan que todos los ciudadanos tengan herramientas para enfrentar ese proceso.

¡Escucha lo más destacado de la entrevista!




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